Fatima Zahra (a), hija del Profeta Mohammad (s) y sus caridades

Vie, 05/05/2017 - 07:48

Ella era tan amada por el Noble Profeta del Islam (BP) que él la llamaba “la madre de su padre”. Cada vez que ella llegaba, el Noble Profeta (BP) se levantaba en señal de respeto.El Noble Profeta (BP) dijo: “Fátima Zahra (P) es una parte de mi cuerpo”. El amor y el interés por su hija Fátima era tal que cuando ella (P) iba de la casa de su esposo a la de su padre, este le daba siempre una cálida recepción. Cada día, en su camino a la mezquita, el Noble Profeta (BP) pasaba por la casa de Fátima (P) y le presentaba sus respetos diciendo: “Que la paz y la misericordia de Dios sean sobre ti, Casa del Profeta

Para los musulmanes, Fátima goza del prestigio y el respeto más importante y elevado en el mundo del Islam, tanto que el mismo Profeta Muhammad señaló que Fátima era la primera y la última Señora de las mujeres en el mundo, razón por la cual, es imprescindible conocer y estudiar minuciosamente la vida de esta gran Señora.[1]
Ella era tan amada por el Noble Profeta del Islam (BP) que él la llamaba “la madre de su padre”. Cada vez que ella llegaba, el Noble Profeta (BP) se levantaba en señal de respeto.
El Noble Profeta (BP) dijo: “Fátima Zahra (P) es una parte de mi cuerpo”. El amor y el interés por su hija Fátima era tal que cuando ella (P) iba de la casa de su esposo a la de su padre, este le daba siempre una cálida recepción. Cada día, en su camino a la mezquita, el Noble Profeta (BP) pasaba por la casa de Fátima (P) y le presentaba sus respetos diciendo: “Que la paz y la misericordia de Dios sean sobre ti, Casa del Profeta”. El Noble Profeta (BP) también dijo: “Aquel que ofenda a Fátima, me ha ofendido a mí, y quien me ofende a mí, ha ofendido a Dios, y quien ofende a Dios es infiel e incrédulo. Fátima, quien te irrite, ha irritado a Dios y quien te complazca, ha complacido a Dios”.
Se dice que antes y después de sus viajes, el Noble Profeta (BP) visitaba a Hadrat Fátima (P) ya que ella tenía muchas virtudes y una personalidad sublime.[2]
Una de las normativas de la Señora de las Mujeres (a.s.) fue la caridad para con los pobres y hacer el bien a los débiles, siendo por ella y por su esposo e hijos que fue revelada la Sûra Hal Atâ, en la que el Altísimo dice: «Y alimentan con su comida a pesar de quererla, al menesteroso, al huérfano y al prisionero liberto * Por cierto que solamente os alimentamos procurando la Faz de Dios; no queremos de vosotros recompensa ni agradecimiento».[3]
Las siguientes son algunas reseñas de sus acciones de caridad:
1. Ella solía moler granos de trigo y cebada para los pobres de entre sus vecinos que no podían hacerlo. Por transmitirse que ella solía hacer eso, fue objeto de la crítica del califa Al-Mu‘tazz li Dînil·lâh, el Abasí, quien no comprendía nada en absoluto de lo que son los valores humanos, a lo cual Safîiuddîn Al-Hil·lî le respondió:
Le reprochas porque usaba el molino y molía provisiones,
En tanto tu provisión (de juicio) no deja de ser granos sin moler.
2. Solía acarrear agua con una tinaja y llevarla a los pobres de entre sus vecinos que no podían conseguir agua.
3. En la noche de su boda con el señor de los albaceas, el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.), su padre, el Mensajero de Dios (s.a.w.), le obsequió un vestido para que se lo pusiera, pero al llegar la mañana no vio que lo llevara puesto, por lo que le preguntó al respecto. Ella dijo:
“¡Oh padre! Tocó a mi puerta una joven muchacha pobre pidiéndome algún vestido y primero tomé mi viejo vestido para dárselo, pero recordé las Palabras del Altísimo que dicen: «No alcanzaréis la bondad hasta que no deis aquello que os guste».[4] Y a mí me gustaba el vestido nuevo, así que preferí a esa joven por sobre mí misma y se lo di”.[5]
¡Qué alma angelical era esa! ¡Qué alma grandiosa que representó al Islam en todos sus valores! Es la misma alma de Muhammad (s.a.w.) a quien Dios, Glorificado Sea, envió como misericordia para el universo.
4. Entre las obras de caridad de la Señora de las Mujeres del Universo, se encuentra lo narrado por Ÿâbir Ibn ‘Abdul·lâh Al-Ansârî, quien dijo: “El Mensajero de Dios (s.a.w.) rezó con nosotros la oración de la tarde y cuando finalizó la misma permaneció sentado en dirección a la qiblah y la gente congregada alrededor suyo. Entonces se presentó un anciano muy entrado en años y se quejó de hambre diciendo: “¡Oh Profeta de Dios! Me encuentro hambriento, ¡dame de comer! Estoy desprovisto de ropa, ¡vísteme!”.
El Mensajero de Dios (s.a.w.) le ordenó dirigirse hacia quien era “parte de él”, y le dijo que ella le auxiliaría. El beduino fue hacia la casa de Az-Zahrâ’ -la paz de Dios sea con ella-, la saludó y le dijo: “¡Oh hija de Muhammad! Me encuentro desprovisto de ropa y hambriento, así pues, ¡asísteme! Que Dios se compadezca de ti”.
Fátima Az-Zahrâ (a.s.) se encontraba en estrechez económica, de manera que no encontraba nada con que auxiliarle más que un cuero de cordero sobre el cual dormían sus hijos Al-Hasan y Al-Husain. Le dijo: “¡Toma esto, oh anciano!”, pero él no lo quiso y se lo devolvió. Entonces ella tomó el collar que tenía en su cuello, se lo quitó y se lo entregó. Se lo había obsequiado Fátima, la hija de su tío el mártir.
El beduino lo tomó y fue hacia el Profeta (s.a.w.) y le dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! Ella me dio este collar diciéndome: “¡Véndelo! ¡Y espero que Dios te otorgue algo bueno por ello!”. El Profeta (s.a.w.) lloró y dijo: “¿Y cómo Dios no habría de darte algo bueno, desde que eso te lo dio la hija de Muhammad, la Señora de las hijas de Adán?”. Luego, ‘Ammâr Ibn Iâser, ese hombre excelente hijo de excelentes, se adelantó y le compró al beduino el collar por veinte dinares, doscientos dírhams, un manto yemení y una cabalgadura que le permitiera llegar donde su gente, y además le dio trigo y carne para comer. El aciano partió alegre y contento suplicando por la Señora de las Mujeres y diciendo: “¡Dios mío! No tenemos divinidad más que Tú. ¡Dios mío! Otorga a Fátima lo que no ha visto ningún ojo ni escuchado oído alguno”.
‘Ammâr tomó el collar y lo perfumó con almizcle; lo envolvió en una tela yemení y se lo dio a un esclavo suyo diciéndole: “Toma este collar y entrégaselo al Mensajero de Dios (s.a.w.), y tú mismo quédate a su servicio”. El esclavo fue y entregó el collar al Mensajero de Dios (s.a.w.), quien a su vez le ordenó dirigirse hacia la Señora de las Mujeres. Ella tomó el collar y liberó al esclavo. Cuando el Profeta (s.a.w.) se enteró, sonrió y dijo:
“¡Qué gran bendición la de ese collar!, satisfizo a un hambriento, vistió a un desnudo, enriqueció a un pobre, liberó a un esclavo y (finalmente) volvió a su dueño”.[6][7]
[1] . http://www.panoramaislamico.com/article_57_0.html
[2] . www.islamoriente.com
[3] .Sura Al Insan Aleya 8
[4] . Sûra Âl ‘Imrân; 3: 92
[5] . Haiât Saîidah an-Nisâ’ al-‘Âlamîn Fâtimah Az-Zahrâ’ (a.s.), , pp. 65 y 66
[6] . Ibíd., pp.66 y 67
[7] .Las virtudes morales del profeta del Islam(s.A.w) y de la gente de su casa(A.S) pag 96

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