El alma del caminante hacia Dios

Lun, 06/04/2018 - 07:51
gnosis

al alcanzar el nivel de la proclamación Al.lahu Akbar, desaparece ese grado de concreción y definición que nos permite diferenciar y percibir el significado de los Atributos.
En este nivel la única determinación existente es la Esencia de la sagrada Verdad y, por tanto, la única percepción del Sálek
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que alcanza esta estación espiritual será la del conocimiento presencial mismo de la Sagrada Verdad y toda palabra o acción que surja del individuo que ha alcanzado y realizado la verdad de este nivel será la Palabra y la Acción y la Voluntad y el Deseo de Dios mismo.
Esta estación es aquella denominada en el Sagrado Corán “La estación de los Justos” (maqām-e şulūĥ).
Es necesario recordar que el concepto şulūĥ, cuando es mencionado en el Sagrado Corán, adquiere dos significados diferenciados dentro del mundo de la perfección y del conocimiento espiritual absoluto. El primero de ellos se utiliza al referirse a los profetas y mensajeros divinos anteriores al Islam. Significa esa misma llegada a la estación espiritual y a la realidad del tauĥīd, de la Unidad con Dios en el nivel de La iláha il.lal lah, estación espiritual que todos los profetas y enviados divinos han alcanzado. Pero el segundo de ellos es una estación espiritual que Dios ha prometido a algunos de ellos en la Otra Vida, por ejemplo al profeta Abraham, sobre él la paz:
Y, en verdad, en la Otra Vida es de los Justos.21 (2:130)
Y esta estación espiritual pertenece en particular al Mensajero del Islam y a la gente de su Casa Purificada (ahl ul-bayt) y a los santos y amigos de Dios (auliyā) que siguen el mensaje mohammadí. Aquellos que, obedeciendo las disposiciones islámicas, con una vocación elevada, con la pureza de sus actos y la intención sincera, escalan una tras otra las elevadas cimas de los mundos de la
21 Todos los profetas son justos, cf. 3:39,46; 6:85; 21:75, 86; 37:112, pero la «Estación o Morada de los Justos» corresponde a un estado espiritual que incluso un profeta de Dios como Abraham sólo alcanza en la Otra Vida. Cf. Sagrado Corán, 16:122
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espiritualidad, hasta alcanzar finalmente la elevada estación de la Unidad de la Esencia Divina y superar con ello todas las carencias propias del mundo de la multiplicidad. Y no sólo llegan a desvelar la realidad de los Actos, Atributos y Nombres divinos, sino que aniquilan su esencia y se disuelven en la Realidad Pura del Sagrada Verdad, no quedando en ellos ninguna huella de individualidad y personalidad diferenciada.
Emir al-Muminín Alí, sobre él la paz, dice sobre esto:
E ilumina la visión de nuestros corazones con la luz de la visión de Ti, hasta que la visión de los corazones rasgue los velos de luz y alcance la fuente de la Inmensidad y nuestras almas queden engarzadas en la grandeza de Tu Santidad.22
La unión del Sálek, en este grado de espiritualidad que le hace contemplar su esencia como testimonio de la Esencia Sagrada de la Verdad y no como algo separado de ella, es lo que se denomina “gnosis” (irfán).
En la escuela del pensamiento islámico, y dado que se considera imposible que exista gnosis de la Verdad sin seguimiento de las disposiciones de la legislación islámica y sin obediencia a lo que el noble profeta, las bendiciones de Dios y la paz sean con él y con su familia purificada, ordenó y prohibió, el viajero espiritual hacia Dios debe esforzarse por seguir paso a paso todas y cada una de las ordenanzas de la legislación sagrada, sin omitir la más mínima de sus obligaciones. Es evidente que, de lo contrario, se verá privado de acceder a los grados de realización espiritual y perfeccionamiento de sus facultades, en la misma proporción
22 Biĥār al-Anwār, t. 91, p. 98, cap. 32: Ad‘iya al-munāŷā, munāŷāt aš-ša‘bāniya.
en la que se muestre negligente con el cumplimiento de los
requerimientos propios del camino.
Sin duda, Dios Altísimo, en Su sabiduría infinita, ha creado
al ser humano sobre la base de una causa intencional y de
una razón específica, que es esa misma teofanía de la realidad
oculta:
y soplé en él de Mi Espíritu (15:29)
Para alcanzar esta meta existen un camino y un método
específicos que posibilitan el surgimiento y la realización de
las facultades ocultas en el alma y en la esencia de la persona,
denominado legislación islámica (sharía) y transacción vital
(dín).
Y, puesto que no tiene sentido suponer que Dios emita
mandamientos gratuitos, para poder educar su alma y realizar
sus facultades potenciales, el viajero espiritual debe poner
toda su atención en la realización de los mismos, ya que la
negligencia en la realización de estos y la falta de atención en
la Fuente de la causalidad de la realización, impide alcanzar la
perfección que se trata de obtener.
Por ello los grandes gnósticos divinos y los amigos
de la Verdad (auliyá ul-haqq) han dicho: «Sin la observación
escrupulosa de todas las leyes de la sharía no es posible obtener
los grados de la gnosis y la contemplación de la realidad de la
Unidad.»
Y si observamos a quienes lo consiguieron a lo largo de la
historia veremos que ello es totalmente cierto.
Por ello, podemos darnos cuenta de que los grupos que se
desvían del Islam, tanto entre la gente de la sunna como de la shía,
con las diferencias que presentan en las cuestiones relativas a los
principios doctrinales, han caído victimas de las insinuaciones
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de Satanás y, con la pretensión de haber llegado a la verdad, se desentienden de practicar las reglamentaciones de la ley islámica, considerando que ya no tienen necesidad de ellas y que esas obligaciones sólo incumben a las gentes que están al principio del camino y no están al corriente de los asuntos esotéricos.
Un ejemplo son los ismaelitas y algunas otras órdenes sufis y los plagiadores de la espiritualidad verdadera, cuando en realidad lo único que hacen es evitar un verdadero compromiso en la senda de la espiritualidad y escapar del cumplimiento de las obligaciones imprescindibles, sin asumir ninguna responsabilidad.
Entre la dedicación al mundo de la espiritualidad y al esoterismo y a la realidad del mundo de la creación, que hoy en día es una preocupación de muchas personas y a la que muchos se encuentran volcados, y las pretensiones de esos grupos extraviados que, so pretexto de una práctica espiritual, sólo buscan la satisfacción de sus caprichos, su sensualidad y sus extravíos, existe una diferencia total y sustancial.
El mundo de hoy posee una larga experiencia en la senda del materialismo y de la disipación en el mundo de la multiplicidad y ha percibido el sin sentido y la vaciedad de esta escuela y método y el fracaso de seguir a las escuelas ateas y materialistas y siente la necesidad innata (fitrí) de alcanzar una meta más elevada. Busca, por ello, cómo escapar de la visión materialista y de la experiencia mundana y encontrar una realidad que pueda dar satisfacción a su conciencia interior sedienta y a su desconcierto y estrés.
El ser humano actual ha llegado a la conclusión de que, aunque el progreso material y tecnológico le ha proporcionado, hasta cierto punto, un mayor nivel de comodidades y de placeres personales, no ha podido satisfacer ni un ápice de sus necesidades intelectuales y mentales.
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El desarrollo científico y el avance tecnológico y el descubrimiento de los secretos de los elementos materiales solamente han conseguido elevar su nivel de vida material y satisfacer sus pasiones más bajas y animales, más feas y corruptas, y nada más.
Hoy el ser humano se pregunta qué le ha proporcionado toda esa perfección tecnológica en el terreno de la corrección de su ego y la purificación de su alma y la tranquilidad interior.
¿Acaso la civilización actual ha provocado un cambio en el ser humano respecto a sus esperanzas espirituales o en sus criterios sobre las relaciones sociales?
¿Acaso el ascenso a las cumbres más elevadas de las ciencias empíricas y de la tecnología ha supuesto el perfeccionamiento de su capacidad de razonar y el imperio de su naturaleza esencial en las cuestiones personales y sociales?
¿Acaso su juicio sobre la decadencia moral y la barbarie de la Edad Media, el asesinato de las buenas gentes y de los inocentes y la violación de las mujeres indefensas, en nombre de la riqueza, el poder y la mentira, es que todo ello terminó con el fin de aquella época?
¿O deberá, totalmente avergonzado y con mil disculpas, llegar a la conclusión de que ha de cambiar sus opiniones sobre la tragedia y la desgracia de la era tecnológica y el salvajismo animal, la metamorfosis del espíritu y el alma humana y la llegada al último grado de la desgracia y la ruindad o alabar los excesos y los espíritus sucios de los tiranos de la época?
Ahora debemos preguntarnos dónde está la raíz del problema y por qué la perfección humana manifiesta en esta tecnología no ha puesto fin al dolor de los problemas espirituales y las angustias personales y a sus excesos. Y por qué, junto al pozo de los egos y la dictadura, agita manos
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y pies y se hunde aun más en el pantano de los deseos, las pasiones y las aberraciones. Y por qué es que con cada nuevo descubrimiento e invento, en lugar de prestar atención a los elevados principios de la humanidad y hacer de ellos un uso razonable, no hace más que un uso egoísta y los pone al servicio de la corrupción moral y de los excesos personales.
La respuesta a estas cuestiones es la siguiente: El ser humano está compuesto, por un lado, de atributos, rasgos de carácter e instintos naturales y espirituales y por otro de instintos desviados y egoístas que le ayudan, dada su capacidad para elegir y a que posee voluntad para actuar, a su realización personal y a alcanzar su perfección, a diferencia de los ángeles que únicamente poseen una naturaleza intelectual y pura que no les capacita para realizar malos actos.
No son sino siervos favorecidos. No se adelantan a Él al hablar y actúan conforme a Sus órdenes. (21:26 y 27)
La atención que el ser humano presta a sus instintos egoístas hace que le pasen desapercibidos y se olvide de la dimensión espiritual y de los atributos angélicos y espirituales que posee.
Esos atributos le han sido dados únicamente para que pueda valerse de ellos en su paso por este mundo, para que pueda perfeccionar su poder intelectual y espiritual, y los excesos en el uso de los mismos solamente le llevan al fortalecimiento de sus instintos animales y a romper los límites que le han sido marcados.
De ello sólo resulta la anulación de sus poderes e instintos espirituales e innatos, sin importar en que época esto se produzca y tampoco si posee los instrumentos y medios que le permiten alcanzar sus metas y sus oscuras intenciones, en cada época y lugar. En la medida de su vileza y de sus deseos
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desviados y de la penetración de los bajos atributos en su alma, dará los pasos necesarios y no renunciará a ningún esfuerzo para alcanzar esas metas.
Por ello, vemos que la evolución del ser humano en la era industrial y científica no sólo no le ha orientado hacia su espiritualidad y hacia la obtención de buenas cualidades, sino que ha servido para crear el terreno apropiado para aumentar su desviación y corrupción lo más posible y mientras su movimiento y camino siga en esa dirección se hundirá cada vez más en ese pantano cenagoso.
La cuestión de la atención a la espiritualidad y la atracción por los temas espirituales y esotéricos que hoy en día aparecen en los distintos pueblos y culturas es la consecuencia de ese mismo fracaso de las escuelas materialistas para proporcionar al ser humano paz de alma y tranquilidad anímica. ¡Un fracaso terrible y una abrumadora desesperación!
La espiritualidad y la atención a la realidad y a la esencia espiritual y superior del ser humano, sin soporte en ninguna creencia particular, es un fenómeno que se está dando en los seres humanos después de una larga y dolorosísima inmersión en el mundo de la multiplicidad, el materialismo y las pasiones.
Un fenómeno alejado de la intromisión de los deseos del ego y de la intoxicación de las supersticiones y de las creencias vanas que han penetrado en las creencias religiosas anteriores.
Un fenómeno basado en la necesidad de la conciencia y en la confusión interior de la persona respecto a las fuentes de la esperanza, de la vida y de la salvación del pantano cenagoso de la ignorancia, la desgracia y el caos.
Un fenómeno que se basa en la lógica y el intelecto y en la realidad ilimitada y sin fronteras.
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Un fenómeno que se basa en la libertad y en la capacidad de tomar decisiones y en las cualidades del destino final.
Un fenómeno basado en la amarga experiencia de las decepciones, las desilusiones y el orgullo que han ensuciado y polucionado muchas de las escuelas de pensamiento religioso y de las religiones pasadas y a los dirigentes y autoridades de las mismas.
Un fenómeno basado en la comparación de los fundamentos y valores espirituales superiores (malakūtī) de las verdaderas religiones divinas con aquello que sus dirigentes y propagandistas proponen.
Un fenómeno basado en la guerra de los poderes angélicos y de la inteligencia contra los ejércitos satánicos disfrazados de lo que se disfracen en cada situación y circunstancia
Y, finalmente, un fenómeno basado en la luz interior y en la pureza del ser, que es un regalo divino para las almas de los seres humanos que se dirigen hacia su perfección absoluta y hacia la Luz Plena.
El deseo y la atracción hacia el mundo espiritual se ha convertido en un hecho frecuente no sólo entre los seguidores de las religiones pasadas, como los judíos, los cristianos y el resto de las creencias e ideologías, e incluso entre aquellos que no siguen ninguna escuela de pensamiento ni creencia, sino que, sorprendentemente, también comienza a manifestarse entre los mismos musulmanes, tanto sunnitas como shiítas.
La atención absoluta que los propagandistas y controladores de las cuestiones puramente legales han prestado a la observancia de los ritos y a las obligaciones formales de la religión y la ausencia de interés por la verdad y por el eje central de las cuestiones formales religiosas que es la misma gnosis divina y la teofanía de la Unidad divina en
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el alma del caminante hacia Dios, e incluso el alejamiento y la oposición a estas elevadas verdades por parte de muchos de los sabios y doctores de la ley a lo largo de la historia, han provocado la aparición de una verdadera e innata necesidad entre los musulmanes de percibir y desvelar las verdades de la Unidad divina y del conocimiento del Señorío (maáref-e rububí) de manera testimonial y con un conocimiento presencial y consciente.

Fuente: (El núcleo de los núcleos,Tratado del viaje y la conducta espiritual de la gente de discernimiento, )

tolidi: 
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