Comparación de la posición de las Mujeres en el Judaísmo, la Cristiandad y el Islam (parte 1)

Lun, 07/22/2019 - 19:19
Posición de la mujer

Este artículo comparará y contrastará el trato que reciben las mujeres en las tres tradiciones monoteístas: El Judaísmo, la Cristiandad y el Islam.
La Tradición Judía
Un estudio de los textos y tradiciones judíos revela una profunda desconfianza hacia la mujer y su sexualidad, que deriva en normas restrictivas y pronunciamientos despreciativos. El útero es el lugar de putrefacción, según nos dicen. Bajo la ley judía, los hombres han sido los legisladores y guardianes de las tradiciones. Esto ha conducido a una perspectiva androcéntrica de la mujer. Debido a esto, muchas normas judías reflejan sólo una preocupación acerca de los lugares en los que las vidas de las mujeres se cruzan con la de los hombres: matrimonio, divorcio, nacimiento sexual de la descendencia. De otro modo, las mujeres, en efecto, son invisibles en los textos judíos.
Sin embargo, algunos textos también mencionan a las mujeres en términos favorables. Las Escrituras hebreas proveen de narraciones de mujeres que han sido participantes importantes en el desarrollo de la historia judía de diferentes maneras. Por ejemplo: el libro de los Jueces nos cuenta que Deborah, quien además de ser esposa, era una jueza de Israel al momento de la narración (lo que significa que era una sucesora de los profetas y una guía carismática del pueblo de Israel). En posteriores tradiciones, existen una serie de santamente ingeniosas y sabias mujeres.
A pesar de ello, muchas tradiciones con respecto a las mujeres, giran alrededor de su rol en el hogar. En particular, la fertilidad de una mujer judía era fundamental para su valía. Mientras que el nacimiento de un hijo es una bendición, se creía que la infertilidad significaba que Dios había juzgado duramente a la mujer, y la imposibilidad de tener hijos sentaba las bases para el divorcio.
La literatura sagrada judía da realce al nacimiento de un varón, mientras que el nacimiento de una hija ni siquiera es mencionado en la Escrituras hebreas y es lamentado en el Talmud, que incluye en una bendición tradicional: “Benditos seáis con hijos y mantened alejadas a las hijas ya que necesitan cuidadosa protección”.
Quizá lo más contundente de esta actitud es la plegaria diaria dicha por los tradicionales hombres judíos: “¡Bendito eres, Oh Señor, nuestro Dios! Rey del Universo, que no me has hecho pagano… que no me has hecho un esclavo… que no me has hecho mujer”.
Tales actitudes han dado como resultado el estatus secundario de la mujer en los textos judíos. Las leyes dadas por el Dios judío Yaveh a Moisés en el Sinaí (Génesis 20 y 21), y la historia de la concubina levita (Jueces 19), indican que en el antiguo judaísmo, las mujeres eran consideradas propiedad de los hombres antes que personas con sus propios derechos.
Este estatus inferior está señalado en la tradición judía conde el matrimonio de una mujer con su esposo es la transferencia de los derechos del padre de la mujer al esposo.
El Talmud se halla repleto de desconfianza y supersticiones en torno a las mujeres. Un ejemplo de ello es la creencia de que la mujer es proclive a la brujería. Las mujeres, es creído, son peligrosas si se les permite actuar como personas independientes. De esta manera, las mujeres son consideradas sagradas o santas cuando están casadas y potencialmente “no santas” o “impuras” cuando no lo están.
De manera significativa, el Talmud provee de 613 obligaciones a los hombres, incluida la necesidad de comparecer en el templo y de estudiar la Torah. Aunque sólo tres obligaciones son aplicables a las mujeres: Encender las velas para la celebración del Sabbath, la partición del pan del Sabbath y el observar la niddah (las normas concernientes a la menstruación). De esta forma, a las mujeres no les es requerido asistir a los servicios del templo o estudiar la Torah, porque se piensa que estas cosas interfieren en la primera obligación de la mujer que es su deber como esposa. El resultado de esto ha sido una tendencia de excluir a las mujeres del estudio y limitar su participación y asistencia al templo. Como establece el Talmud: “Una mujer no puede leer de la Torah por el honor de la congregación” Y aunque las mujeres estuvieren incluidas en la adoración del templo, no son contadas en la minyan (el quórum de diez personas exigidas para la adoración pública).
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