Las profundidades del ser humano lo impulsan a buscar a Dios P ll

Lun, 11/29/2021 - 08:04
islam, Dios, religión

La educación y el medio ambiente están entre las causas que impiden a las percepciones innatas del hombre desplegarse, o por el contrario las refuerzan. Aquéllas que quedaron libres para seguir el rumbo original de su creación sin estas prisiones de los hábitos y cuya naturaleza interior no fue coloreada por palabras y expresiones, son más aptas para oír la llamada de su ser interior y para distinguir las buenas de las malas acciones, y las verdaderas creencias de las falsas.
 

Por otro lado se encuentran aquellos que están atrapados en las leyes de la ciencia y que pueden caer víctimas de la duda y la confusión como resultado de una terminología seductora. Ellos se imaginan que toda la realidad la pueden ver a través de la estrecha abertura de sus sentidos e intelecto, que son presas del color. Por supuesto que no queremos significar que el hombre deba abstenerse de desarrollar un intelecto para salvaguardarse contra la ilusión.

Sin embargo no debe limitarse o enorgullecer por su arte y escaso conocimiento. La mayoría de la gente en vez de hacer de su aprendizaje y conocimiento una escala para el ascenso de sus intelectos y elevarlos a un nivel superior, permanecen estancados y prisioneros entre las cuatro paredes de los conceptos y términos. La naturaleza original del hombre, cuando siente peligro, se precipita en busca de auxilio.

Cuando una persona está presionada por la adversidad y por problemas que lo abruman, cuando los factores materiales se vuelven contra él, cuando no tienen acceso a ninguna de las fuentes de la vida y está indefenso como una paja en el torbellino de vicisitudes y la muerte no está sino a un paso, entonces una motivación interior lo guía instintivamente hacia una fuente no material de sustento.

Busca la ayuda de alguien cuyo poder es superior a todos los poderes y comprende que es un ser compasivo que puede socorrerlo con su extraordinario poder y salvarlo. Por medio de su percepción busca con toda su fuerza la ayuda del ser más sagrado para que lo salve del peligro y en el santuario de su corazón siente el poder y la fuerza de ese ser trabajando por su salvación.

Algunos psicólogos creen que la adoración a Dios es una aspiración básica e independiente de la naturaleza innata, a la que denominan “sentido religioso”, y que acompañaría a los igualmente básicos “sentido de la búsqueda de la verdad”, “sentido de la belleza” y “sentido de la bondad”. El sentido religioso constituye, entonces, una cuarta dimensión del alma humana. Estos psicólogos sostienen, basados en testimonios históricos y paleontológicos, que la adoración a Dios existió siempre, bajo una u otra forma, entre los seres humanos, y este mismo hecho (el de ser permanente y universal) es un signo de su carácter innato.

Por supuesto, el hecho de ser una inclinación innata, es decir permanente y universal, no significa que siempre esté viva y despierta en todas las personas, dirigiéndolas conscientemente hacia su objetivo deseado, sino que es posible que, bajo diversas circunstancias, factores del ambiente o entorno y una educación incorrecta, esta inclinación natural permanezca en un estado de adormecimiento e inactividad, o que se desvíe de su rumbo correcto, como vemos que también ocurre con otros instintos.

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