El conocimiento del Señorío

Dom, 05/27/2018 - 08:01
gnosis en el islam

En la escuela del pensamiento islámico, y dado que se considera imposible que exista gnosis de la Verdad sin seguimiento de las disposiciones de la legislación islámica y sin obediencia a lo que el noble profeta, las bendiciones de Dios y la paz sean con él y con su familia purificada, ordenó y prohibió, el viajero espiritual hacia Dios debe esforzarse por seguir paso a paso todas y cada una de las ordenanzas de la legislación sagrada, sin omitir la más mínima de sus obligaciones. Es evidente que, de lo contrario, se verá privado de acceder a los grados de realización espiritual y perfeccionamiento de sus facultades, en la misma proporción en la que se muestre negligente con el cumplimiento de los requerimientos propios del camino. Sin duda, Dios Altísimo, en Su sabiduría infinita, ha creado al ser humano sobre la base de una causa intencional y de una razón específica, que es esa misma teofanía de la realidad oculta: y soplé en él de Mi Espíritu (15:29) Para alcanzar esta meta existen un camino y un método específicos que posibilitan el surgimiento y la realización de las facultades ocultas en el alma y en la esencia de la persona, denominado legislación islámica (sharía) y transacción vital (dín). Y, puesto que no tiene sentido suponer que Dios emita mandamientos gratuitos, para poder educar su alma y realizar sus facultades potenciales, el viajero espiritual debe poner toda su atención en la realización de los mismos, ya que la negligencia en la realización de estos y la falta de atención en la Fuente de la causalidad de la realización, impide alcanzar la perfección que se trata de obtener. Por ello los grandes gnósticos divinos y los amigos de la Verdad (auliyá ul-haqq) han dicho: «Sin la observación escrupulosa de todas las leyes de la sharía no es posible obtener los grados de la gnosis y la contemplación de la realidad de la Unidad.» Y si observamos a quienes lo consiguieron a lo largo de la historia veremos que ello es totalmente cierto. Por ello, podemos darnos cuenta de que los grupos que se desvían del Islam, tanto entre la gente de la sunna como de la shía, con las diferencias que presentan en las cuestiones relativas a los principios doctrinales, han caído victimas de las insinuaciones

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de Satanás y, con la pretensión de haber llegado a la verdad, se desentienden de practicar las reglamentaciones de la ley islámica, considerando que ya no tienen necesidad de ellas y que esas obligaciones sólo incumben a las gentes que están al principio del camino y no están al corriente de los asuntos esotéricos.
Un ejemplo son los ismaelitas y algunas otras órdenes sufis y los plagiadores de la espiritualidad verdadera, cuando en realidad lo único que hacen es evitar un verdadero compromiso en la senda de la espiritualidad y escapar del cumplimiento de las obligaciones imprescindibles, sin asumir ninguna responsabilidad.
Entre la dedicación al mundo de la espiritualidad y al esoterismo y a la realidad del mundo de la creación, que hoy en día es una preocupación de muchas personas y a la que muchos se encuentran volcados, y las pretensiones de esos grupos extraviados que, so pretexto de una práctica espiritual, sólo buscan la satisfacción de sus caprichos, su sensualidad y sus extravíos, existe una diferencia total y sustancial.
El mundo de hoy posee una larga experiencia en la senda del materialismo y de la disipación en el mundo de la multiplicidad y ha percibido el sin sentido y la vaciedad de esta escuela y método y el fracaso de seguir a las escuelas ateas y materialistas y siente la necesidad innata (fitrí) de alcanzar una meta más elevada. Busca, por ello, cómo escapar de la visión materialista y de la experiencia mundana y encontrar una realidad que pueda dar satisfacción a su conciencia interior sedienta y a su desconcierto y estrés.
El ser humano actual ha llegado a la conclusión de que, aunque el progreso material y tecnológico le ha proporcionado, hasta cierto punto, un mayor nivel de comodidades y de placeres personales, no ha podido satisfacer ni un ápice de sus necesidades intelectuales y mentales.

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El desarrollo científico y el avance tecnológico y el descubrimiento de los secretos de los elementos materiales solamente han conseguido elevar su nivel de vida material y satisfacer sus pasiones más bajas y animales, más feas y corruptas, y nada más.
Hoy el ser humano se pregunta qué le ha proporcionado toda esa perfección tecnológica en el terreno de la corrección de su ego y la purificación de su alma y la tranquilidad interior.
¿Acaso la civilización actual ha provocado un cambio en el ser humano respecto a sus esperanzas espirituales o en sus criterios sobre las relaciones sociales?
¿Acaso el ascenso a las cumbres más elevadas de las ciencias empíricas y de la tecnología ha supuesto el perfeccionamiento de su capacidad de razonar y el imperio de su naturaleza esencial en las cuestiones personales y sociales?
¿Acaso su juicio sobre la decadencia moral y la barbarie de la Edad Media, el asesinato de las buenas gentes y de los inocentes y la violación de las mujeres indefensas, en nombre de la riqueza, el poder y la mentira, es que todo ello terminó con el fin de aquella época?
¿O deberá, totalmente avergonzado y con mil disculpas, llegar a la conclusión de que ha de cambiar sus opiniones sobre la tragedia y la desgracia de la era tecnológica y el salvajismo animal, la metamorfosis del espíritu y el alma humana y la llegada al último grado de la desgracia y la ruindad o alabar los excesos y los espíritus sucios de los tiranos de la época?
Ahora debemos preguntarnos dónde está la raíz del problema y por qué la perfección humana manifiesta en esta tecnología no ha puesto fin al dolor de los problemas espirituales y las angustias personales y a sus excesos. Y por qué, junto al pozo de los egos y la dictadura, agita manos

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y pies y se hunde aun más en el pantano de los deseos, las pasiones y las aberraciones. Y por qué es que con cada nuevo descubrimiento e invento, en lugar de prestar atención a los elevados principios de la humanidad y hacer de ellos un uso razonable, no hace más que un uso egoísta y los pone al servicio de la corrupción moral y de los excesos personales.
La respuesta a estas cuestiones es la siguiente: El ser humano está compuesto, por un lado, de atributos, rasgos de carácter e instintos naturales y espirituales y por otro de instintos desviados y egoístas que le ayudan, dada su capacidad para elegir y a que posee voluntad para actuar, a su realización personal y a alcanzar su perfección, a diferencia de los ángeles que únicamente poseen una naturaleza intelectual y pura que no les capacita para realizar malos actos.
No son sino siervos favorecidos. No se adelantan a Él al hablar y actúan conforme a Sus órdenes. (21:26 y 27)
La atención que el ser humano presta a sus instintos egoístas hace que le pasen desapercibidos y se olvide de la dimensión espiritual y de los atributos angélicos y espirituales que posee.

Esos atributos le han sido dados únicamente para que pueda valerse de ellos en su paso por este mundo, para que pueda perfeccionar su poder intelectual y espiritual, y los excesos en el uso de los mismos solamente le llevan al fortalecimiento de sus instintos animales y a romper los límites que le han sido marcados.
De ello sólo resulta la anulación de sus poderes e instintos espirituales e innatos, sin importar en que época esto se produzca y tampoco si posee los instrumentos y medios que le permiten alcanzar sus metas y sus oscuras intenciones, en cada época y lugar. En la medida de su vileza y de sus deseos

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desviados y de la penetración de los bajos atributos en su alma, dará los pasos necesarios y no renunciará a ningún esfuerzo para alcanzar esas metas.
Por ello, vemos que la evolución del ser humano en la era industrial y científica no sólo no le ha orientado hacia su espiritualidad y hacia la obtención de buenas cualidades, sino que ha servido para crear el terreno apropiado para aumentar su desviación y corrupción lo más posible y mientras su movimiento y camino siga en esa dirección se hundirá cada vez más en ese pantano cenagoso.
La cuestión de la atención a la espiritualidad y la atracción por los temas espirituales y esotéricos que hoy en día aparecen en los distintos pueblos y culturas es la consecuencia de ese mismo fracaso de las escuelas materialistas para proporcionar al ser humano paz de alma y tranquilidad anímica. ¡Un fracaso terrible y una abrumadora desesperación!
La espiritualidad y la atención a la realidad y a la esencia espiritual y superior del ser humano, sin soporte en ninguna creencia particular, es un fenómeno que se está dando en los seres humanos después de una larga y dolorosísima inmersión en el mundo de la multiplicidad, el materialismo y las pasiones.
Un fenómeno alejado de la intromisión de los deseos del ego y de la intoxicación de las supersticiones y de las creencias vanas que han penetrado en las creencias religiosas anteriores.
Un fenómeno basado en la necesidad de la conciencia y en la confusión interior de la persona respecto a las fuentes de la esperanza, de la vida y de la salvación del pantano cenagoso de la ignorancia, la desgracia y el caos.
Un fenómeno que se basa en la lógica y el intelecto y en la realidad ilimitada y sin fronteras.

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Un fenómeno que se basa en la libertad y en la capacidad de tomar decisiones y en las cualidades del destino final.
Un fenómeno basado en la amarga experiencia de las decepciones, las desilusiones y el orgullo que han ensuciado y polucionado muchas de las escuelas de pensamiento religioso y de las religiones pasadas y a los dirigentes y autoridades de las mismas.
Un fenómeno basado en la comparación de los fundamentos y valores espirituales superiores (malakūtī) de las verdaderas religiones divinas con aquello que sus dirigentes y propagandistas proponen.
Un fenómeno basado en la guerra de los poderes angélicos y de la inteligencia contra los ejércitos satánicos disfrazados de lo que se disfracen en cada situación y circunstancia
Y, finalmente, un fenómeno basado en la luz interior y en la pureza del ser, que es un regalo divino para las almas de los seres humanos que se dirigen hacia su perfección absoluta y hacia la Luz Plena.
El deseo y la atracción hacia el mundo espiritual se ha convertido en un hecho frecuente no sólo entre los seguidores de las religiones pasadas, como los judíos, los cristianos y el resto de las creencias e ideologías, e incluso entre aquellos que no siguen ninguna escuela de pensamiento ni creencia, sino que, sorprendentemente, también comienza a manifestarse entre los mismos musulmanes, tanto sunnitas como shiítas.
La atención absoluta que los propagandistas y controladores de las cuestiones puramente legales han prestado a la observancia de los ritos y a las obligaciones formales de la religión y la ausencia de interés por la verdad y por el eje central de las cuestiones formales religiosas que es la misma gnosis divina y la teofanía de la Unidad divina en

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el alma del caminante hacia Dios, e incluso el alejamiento y la oposición a estas elevadas verdades por parte de muchos de los sabios y doctores de la ley a lo largo de la historia, han provocado la aparición de una verdadera e innata necesidad entre los musulmanes de percibir y desvelar las verdades de la Unidad divina y del conocimiento del Señorío (maáref-e rububí) de manera testimonial y con un conocimiento presencial y consciente.
La atención a la espiritualidad y el deseo de las verdades que están más allá de lo material y del mundo físico, suponen un movimiento digno de ser alabado orientado a los valores y las perfecciones espirituales, y en ese sentido, posee una gran importancia y merece que se le preste atención. Pero se debe tener en cuenta que, de la misma manera en que el ser humano posee, desde el punto de vista de su existencia, diferentes niveles, materia, forma, espíritu e inmaterialidad completa, el camino de su elevación hacia el mundo espiritual también posee esas características.
Hoy en día, a cada nivel de los niveles espirituales y del alma de la persona, se le llama mundo espiritual, esotérico y auténtico. Por ejemplo, a quienes dan información de los acontecimientos y fenómenos del futuro –incluso aunque sean ciertos– las personas corrientes les atribuyen cualidades espirituales y perfección espiritual y les sitúan un grado por encima del resto de los mortales. O a quienes realizan cosas fuera de lo común y extraordinarias, las gentes corrientes les otorgan que poderes que están por encima y más allá de la capacidad humana y piensan que han alcanzado un nivel elevado de los mundos de la existencia cuando, en realidad, todos estos hechos y fenómenos que rompen la lógica normal, desde el punto de vista de los gnósticos y de quienes han alcanzado un grado de perfección elevada, no poseen valor alguno y no son sino juegos y diversión, ya que la persona puede conseguirlos mediante ejercicios y prácticas de atención especiales y son cosas que se encuentran en el plano de

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propio mundo imaginal. Por ejemplo, tener sueños en los que se le revelen acontecimientos ocultos, aunque la manera de obtenerlos no sea correcta y Dios no esté de acuerdo con ella.
Cuántas personas que no poseen creencias religiosas, consiguen realizar cosas fuera de lo normal gracias a la práctica de ejercicios específicos y de esfuerzos del alma, y obtienen poderes extraordinarios y ciertas capacidades extraordinarias, aunque limitadas, que guardan relación con fenómenos propios del mundo intermedio (alam-e mizáli).
El conocimiento de cosas que están ocultas o ignoradas, la capacidad para descubrir cosas perdidas y para realizar movimientos paranormales o para entrar en la mente y las almas de la gente corriente y para realizar cosas paranormales, son cosas que pueden realizar tanto personas que practican creencias religiosas verdaderas, como gentes que no tiene creencias religiosas o que son idólatras o que tienen relaciones con los demonios, con los genios o con almas y entidades malvadas.
Por tanto, se debe tener muchísimo cuidado para discernir cuales son las verdaderas intenciones de muchas escuelas y movimientos que hoy en día proliferan y que proclaman orientarse hacia metas espirituales, esotéricas y metafísicas e investigar cuidadosamente qué es lo que verdaderamente ocultan tras una bella y atractiva fachada y tras sus sugestivas proclamas. ¿Buscan realmente aquellas cuestiones que tiene que ver con asuntos verdaderamente elevados? ¿O andan a la búsqueda de poderes extraordinarios que duran lo que dura su vida en este mundo y que, una vez que salen de este mundo y su alma sale de su cuerpo, no les sirven de ayuda para orientarse en el mundo siguiente?
Llegados a este punto, se debe prestar atención al hecho de que el alma del ser humano, en sentido general, debido a la atención que presta al mundo físico y a su alejamiento

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del mundo espiritual, de la misma manera que encuentra sus placeres en la obtención de bienes materiales y en los asuntos mundanos, como la comida, la bebida, la ropa, la casa, los automóviles, el poder, la fama y el dinero, y que para obtener todo ello no escatima el más mínimo esfuerzo, cuando pone su atención en las cuestiones espirituales, no es capaz de concebir cosas que vayan más allá del ámbito de los cinco sentidos y de los fenómenos paranormales.
Por ejemplo, cuando ve que una persona es capaz de hipnotizar a una serpiente y cogerla con su propia mano, todo el mundo se reúne a su alrededor, pero cuando una persona trata de hablarles durante diez minutos de las verdades relativas al mundo de la existencia y de la Unicidad divina, apenas unos pocos individuos le prestan atención y rápidamente se alejan de él.
Este ejemplo tiene que ver con el menor de los asuntos extraordinarios. Qué decir si hablásemos de cosas un poco por encima de eso y más atractivas aun, como son la capacidad de informar de cosas que están ocultas a los sentidos y que inciden en las cuestiones materiales o la capacidad de desplazarse por la tierra con el poder del pensamiento, y cosas similares que, aunque están ligadas a la capacidad de penetrar en el mundo intermedio, se encuentran alejadísimas del mundo de la gnosis y de la Unidad con Dios y el desvelamiento de los velos del alma.
Por ello, podemos contemplar cómo mucha gente considera que ese tipo de personas poseen una elevación especial y cómo se acerca a ellos, presta atención a sus palabras y se siente atraída por ellas, mucho más que en torno a quienes están verdadera cerca de Dios y son auténticos espirituales.
Lamentablemente, este tipo de personas están utilizando terminología gnóstica y espiritual y parecería que el conocimiento y la unión con las profundidades del mundo de la existencia

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estuviese exclusivamente en sus manos y que si un gnóstico verdadero quisiera que su nombre y su obra fuese conocida y atraer la atención de las gentes hacia las verdades del Ser Supremo no tendría otro remedio que realizar algunos pequeños milagros para llamar la atención sobre su mensaje.
Mi fallecido padre, que fue un gnóstico perfecto y un viajero espiritual realizado, Aláma Tehraní, quiera Dios estar complacido con él, es uno de los pocos gnósticos que apenas ha realizado este tipo de manifestaciones extraordinarias y dedicó todo su esfuerzo y actividad a lo largo de su vida a guiar a sus discípulos y a la gente en general hacia la espiritualidad verdadera y a encaminarlos para que pudiesen llegar a descubrir los secretos de la Unidad divina, de la espiritualidad y de la autoridad espiritual (wiláya).
Pero, a pesar de todo esto, muchos de aquellos que hoy en día se dedican a elogiar y alabar la extraordinaria personalidad de este gran hombre, prefieren hablar de los hechos extraordinarios que realizó mientras estuvo en este mundo, como si el no hablar de ellos supusiese sustraer de la historia el lugar y la posición espiritual que le corresponden. Y ésta actitud errónea es una constante que se manifiesta en las distintas comunidades de la gente de conocimiento y gnosis tanto en el pasado como en la actualidad.

A veces, en algunos asuntos, por considerarlo oportuno, el mismo gnóstico divino ha creído apropiado manifestar ciertos milagros, como ha sucedido en los hechos de los profetas. Pero no porque la meta y el objetivo del mensaje de los profetas y de quienes han alcanzado la unión con Dios fuese la realización de esos milagros.
Por ello, la manera de medir la perfección y la realización de los diferentes niveles de la existencia de los gnósticos divinos no debe basarse en los hechos extraordinarios que estos hayan manifestado.

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El fallecido Aláma Tehraní, que Dios santifique su noble secreto, dijo en repetidas ocasiones:
«Todo el que manifieste muchos hechos extraordinarios verá limitada su percepción de las verdades espirituales y su contemplación de los mundos de la Unidad divina y cuanto mayor sea la capacidad de la persona para percibir los grados de los Nombres y de los Atributos divinos, menor será la cantidad de fenómenos extraordinarios que realizará, ya que la intención y el objetivo de la gente de la gnosis y de la Unión con Dios es el conocimiento de la Verdad Altísima y este objetivo importantísimo no se alcanza con la realización de tales actos.»
Y, por esa razón, para llevar a las personas hacia esas metas elevadas, limitan al máximo la realización de tales actos, para que la mente y el aliento de ellos no se acostumbren a tales fenómenos y para que no queden atrapados en los sentidos interiores y en las formas del mundo intermedio (suwar-e barzají). Pero, aquellos que no llegan al conocimiento de la Verdad y a la contemplación de la Unidad del Creador y están incapacitados para percibirla y su mano no alcanza esta alta cima y su pie cojea, para llamar la atención de la gente común hacia ellos, no tienen otro remedio que recurrir a tales efectos.
Ésta es la diferencia entre la escuela de la gnosis y el resto de las escuelas, por mucho que su intención sea alcanzar los mundos que están más allá de la materia.
Cuando Dios Altísimo otorga a los seres humanos una naturaleza plena de atributos y del valioso deseo de espiritualidad, abre para ellos un camino hacia la realidad y hacia el encuentro con la verdad que está detrás de cada acontecimiento que tiene lugar, mediante el uso de la lógica intelectual. Y para ello le ha dotado del deseo por la búsqueda de la espiritualidad y de un sentido que le impulsa a encontrar la perfección y a alcanzar el mundo sagrado, la tranquilidad y la certeza.

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Y no existe nada que, con susurros y otros medios, pueda eliminar de él su intelecto y destruir la naturaleza en la que ha sido creado y cerrarle el camino que le dirige hacia la espiritualidad y la perfección y eliminar de él los atributos luminosos y los favores con que Dios le ha engalanado. Y aunque, temporalmente pueda ser víctima de los susurros del ego y alejarse de su camino, llega un momento en que percibe la llamada celestial impresa en su naturaleza y despierta del sueño que le mantenía distraído. Descorre el velo que disimulaba el verdadero rostro de los susurradores y reorienta sus pasos hacia la realidad y el conocimiento divino con un ojo abierto, un deseo elevado y un firme equilibrio.
Tú que me aconsejas, ocúpate de tus asuntos. ¡Qué pretendes!
No deseo seguir ese camino ¡Qué es lo que te pasa!
Hasta que el Amado no me acerca a Sus labios como la flauta,
todos los consejos del mundo en mis oídos son sólo viento.
No prestar atención a los deberes divinos y atravesar el camino sin imponerse limitaciones a los deseos, tal y como ha sido mencionado, no es más que una pura justificación de las pasiones y los deseos del ego en este bajo mundo. Eso es lo que se encuentra a veces en algunas cofradías sufís y en otros grupos que necesitan esas justificaciones e interpretaciones. Y puede que, incluso gente inteligente y con conocimientos, no sólo no presten atención a sus deberes y obligaciones, sino que, con la manera de comportarse entre las gentes comunes provoquen la desviación de estos, la desilusión y una opinión negativa respecto a las cuestiones espirituales y a los elevados valores de la legislación divina.

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Frente a estos individuos, existen otros que ponen toda su atención y esfuerzo en la realización y el cumplimiento de los aspectos formales y rituales de las disposiciones legales religiosas, sin prestar la más mínima atención al espíritu que las anima y que niegan que exista algún tipo de verdad y realidad más allá de los aspectos formales y de las obligaciones rituales.
Ellos también se encuentran en un profundo error y desconocimiento. Poner la atención en los aspectos formales y externos de la adoración y las leyes divinas, sin reflexionar en el significado real y en la elevada dimensión que en ellos se esconde, es como comerse la cáscara y tirar la fruta.
Quienes niegan la gnosis divina y el conocimiento de la Verdad, que son el resultado y la meta final de los actos y obligaciones formales, y consideran que toda la tarea consiste en realizar los actos y obligaciones rituales y liberarse de la carga que estos nos imponen, poseen un deseo muy pequeño por la mercedes divinas de la Otra Vida y deben saber que se están provocando un gran perjuicio y apuntan hacia un gran fracaso, ya que cambian la química de la felicidad y la felicidad eterna por espejos de colores de muy poco valor.

Asceta que de Ti espera una hurí ¡Ve cuán cortas miras ha!
Escapa de Tu puerta y se va al Paraíso ¡Ve cuán poca inteligencia ha!
Al que mendiga en Tu calle le sobra el octavo cielo.
Quien está preso en Tu cuerda se ha liberado de ambos mundos.
No piensa en el Paraíso, en las huríes y los jóvenes puros
el amante que ve a su amada frente a él

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De la misma manera en que no prestar atención a las obligaciones rituales provoca el alejamiento de Dios y de la iluminación espiritual, no prestar atención a los aspectos espirituales, que son el complemento de los aspectos rituales y el verdadero conocimiento de la Verdad Altísima, causa una pérdida de facultades y del tesoro que la persona posee para alcanzar los grados más elevados de realización y de perfección, y supone desperdiciar ese tesoro capital y el don de la vida.
Por ello, podemos ver que, cuando el ser humano, siguiendo los imperativos de su naturaleza original y de su conciencia, deja a un lado todos los impedimentos y fenómenos que distraen su atención del hecho espiritual –sean estos impedimentos la búsqueda del bienestar mundanal, de la perfección tecnológica y el desarrollo de las ciencias materiales y sociales, o la contaminación de las religiones por las supersticiones y los susurros egoístas y demoníacos de las escuelas ateas y materialistas, tanto en las escuelas de origen no divino como en las religiones como el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam– se reencuentra con su meta en búsqueda del mundo de la tranquilidad, la certeza, la perfección de su alma y el conocimiento de Dios, y orienta sus pasos, con ayuda de su inteligencia natural y de las cualidades relacionadas con el mundo esotérico, en dirección al conocimiento testimonial y a los sentimientos del corazón y de la conciencia.

En ese sentido, toda persona necesita seguir el camino que le permita, en la medida de sus posibilidades, abrirse en dirección a esta meta final y obtener cada beneficio que surge de esa fuente de la que mana el conocimiento y el desvelamiento.
Y toda tarea que vaya en esa dirección es aceptable desde el punto de vista de la ley islámica y toda acción que provoque el alejamiento de la persona y la impida alcanzar esta meta se considera rechazable.

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El hecho de que la posesión de un intelecto sea una prueba que Dios esgrime ante nosotros a la hora de juzgar nuestros actos, se basa en esa misma capacidad que la persona posee de establecer razonamientos basados en la lógica.
La razón que Dios ha colocado en la naturaleza humana es un regalo que nos permite diferenciar la verdad de la falsedad, la realidad de la ilusión y lo fundamental de lo secundario y que ilumina y aclara al ser humano su camino hacia el mundo de las verdades, el conocimiento y la perfección.
La inteligencia es el elemento clave que nos diferencia del resto de los animales. La conquista del equilibrio en todos los aspectos, tanto en el terreno personal como en el social o el esotérico, es una tarea imposible sin hacer uso de la capacidad intelectual, y la comunidad que organiza su vida sin prestar atención a este don divino se parece más a un rebaño de animales alejado de la condición humana.
Todos los textos sagrados, y en especial el Sagrado Corán, ponen un énfasis especial en este punto vital y llaman a las personas a prestar atención a las cuestiones divinas y les plantean situaciones que exigen de ellos el uso de la capacidad intelectual que les ha otorgado, como en el versículo:
Si en los cielos y en la Tierra existiera otro dios aparte de Dios,
ambos se corromperían. (Corán, 22:22)
O en este otro noble versículo:
En verdad, en la creación de los cielos y la Tierra y en la diferencia entre la noche y el día, existen señales para los dotados de inteligencia. (Corán, 3:190)

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O en este otro:
Y si les preguntases ¿Quién ha creado los cielos y la Tierra? Con seguridad que dirían: Dios. (Corán, 31:25)
Y sobre la condición que el Corán posee de prueba que Dios esgrimirá contra nosotros el Día de la Cuenta y de proceder de Él, dice:
Di: “Si los hombres y los genios se juntasen para traer un Corán como éste no podrían traerlo aun que se ayudasen unos a otros.”23 (17:88)
Y en este otro versículo:
¿Acaso no meditan el Corán? Si procediera de otro distinto que Dios, sin duda habrían encontrado en él abundantes contradicciones.24(4:82)
23 Este versículo desafía a reproducir la perfección y los atributos del Corán, no solamente su perfección formal y su elocuencia, ya que si se refiriese únicamente al milagro morfológico y sintáctico no tendría sentido citar a los ángeles y a los genios y, en ese caso habría dicho: “Si se juntasen todos los árabes...” Al-Mīzān, t. XIII, p. 279.
24 En este versículo, el mismo Corán responde a todos aquellos que dudan del origen divino de la revelación profética, con un argumento simple y contundente, ya que un mensaje transmitido a lo largo de veintitrés años, con referencias a numerosos temas de carácter científico, histórico, legal, social, religioso, metafísico, etc, y que pretende tener vigencia hasta el final de los tiempos, de no tener un origen divino, habría incurrido en numerosos errores, contradicciones y limitaciones que, con el paso del

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Y en este otro:
¿Es que no meditan en el Corán?
¿O tienen candados en sus corazones? (47:24)
O en los muchos versículos en los que utiliza la frase:
¿Es que no razonan? (36:68)
O dice:
Di: “¿Acaso son iguales el que sabe y el que no sabe?” (39:9)
O:
En verdad, en ello hay señales para gente que reflexiona. (30:21)
Y otras semejantes, en las que considera al intelecto el fiel de la balanza de la Verdad y el llamado a discernir el camino a seguir y la dirección que lleva a la persona hacia su crecimiento personal y hacia su elevación.
Y, en sentido general, sin la ayuda del intelecto no es posible alcanzar el equilibrio personal ni cobran sentido las palabras de los enviados divinos y de los profetas, ya que la condición de prueba que las palabras de los profetas poseen se establece mediante el razonamiento lógico y si anulamos
tiempo, se habrían ido haciendo más y más evidentes.

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éste, no queda argumento alguno para el envío de profetas y para el descenso de Escrituras sagradas.
Los profetas divinos, en tanto que son el intelecto exterior a uno mismo, al conectarse con el mundo oculto a los sentidos corporales, posibilitan el crecimiento, el florecimiento y la realización de los niveles ocultos en el intelecto humano. Y el intelecto, con su capacidad de razonamiento lógico, es capaz de establecer la necesidad de seguir las indicaciones de aquellos y lo inadecuado que es apartarse de ellos.
En la misma medida en que la persona siga las indicaciones de estos intelectos exteriores a él, progresará en su realización personal y en su crecimiento intelectual, hasta que, con su alma sustancial, alcance directamente el mundo del intelecto puro y sea iluminada.
Sobre este tema, han sido transmitidas unas palabras muy sorprendentes del Imam as-Sádeq, sobre él la paz, que dicen:
No se aclara la opinión de quien no busca la opinión de Dios, Poderoso y Majestuoso, con pureza interior, con un comportamiento recto y con un razonamiento procedente de Su Señor.25
Éste es el nivel de la unión del intelecto inmaduro y limitado con el intelecto total y luminoso procedente del mundo de la santidad y la voluntad.
 

25 Mustadrak al-wasā’el, t. XVII, p. 343, cap. 15, (Pocos son los que alcanzan los atributos del juez y a quienes se les permite juzgar por medio de ellos); Bihār al-Anwār, t. II, p. 120, Cap. 16, (Negar las palabras sin conocimiento y emitir juicios sin otra base que la personal y comentarios de las condiciones)

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Musa ibn Yafar, sobre él la paz, el séptimo Imam de la Casa Profética, dijo en relación con este don divino y su importancia para que el individuo alcance la perfección:

En verdad, Dios Bendito y Ensalzado, ennobleció al ser humano con el intelecto y auxilió a los Mensajeros con las pruebas claras, les dio pruebas de Su Señorío y dijo:
Vuestro Dios es un Dios Único. No hay más Dios que Él, el Clementísimo con toda la creación, el Misericordiosísimo con los creyentes.
En la creación de los cielos y de la Tierra y en la diferencia entre la noche y el día, en la nave que surca el mar con lo que beneficia a la gente, en el agua que hizo descender Dios de los cielos con la cual vivifica la tierra tras haber estado muerta, diseminando por ella todo tipo de animales, en la variación de los vientos y en las nubes situadas entre el cielo y la Tierra, hay, ciertamente, señales para la gente que razona. (Corán, 2:163 y 164)26
Después de eso, continúa diciendo:
Dios no envió a Sus Mensajeros y a Sus profetas a ninguno de Sus siervos sino para que conozcan a Dios. Así pues, quien mejor responde de ellos es quien posee mayor conocimiento y quien mejor conoce la orden de Dios es quien mejor utiliza su intelecto y quien posee un intelecto más

26 Uşūl al-Kāfī, t. I, p. 13, Kitāb al-‘Aql wa al-Ŷahl; Bihār al-Anwār, t. I, p. 132, cap. 4, ‘alamāt al-aql wa al-yunūdah;

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perfecto es aquel que posee un mayor grado en esta vida y en la Otra.27
En estos párrafos, el Imam, sobre él la paz, establece que el nivel de inteligencia es el patrón con el que medir el grado de perfección y de cercanía a Dios y al mundo oculto a los sentidos y nos dice que su posición en la Otra Vida estará en función de lo que haya desarrollado su intelecto en ésta y, así mismo, que su conocimiento del Creador estará condicionado al nivel que alcance su desarrollo intelectual.
De ello, podemos ver con claridad cuán ignorantes son y cuán extraviados están quienes pretenden, en contra de toda razón, negar el valor del intelecto, del razonamiento lógico y de la filosofía basada en las pruebas intelectuales, mientras que los grandes santos y sabios y dirigentes del Islam han considerado que la verdadera condición humana de la persona reside en el grado de perfeccionamiento de su intelecto y que la cercanía al Creador depende del grado de conocimiento que se posee de Él y han condicionado este grado de conocimiento a cuánto haya elevado la persona su nivel intelectual.
Los grandes sabios divinos y filósofos islámicos, gracias a que han alcanzado estos grados de realización, han sido capaces de soportar todo tipo de dificultades, así como los insultos y las descalificaciones de las gentes ignorantes a su misión, centrada en la tarea de facilitar el acceso a las elevadas ciencias divinas y a los mundos desconocidos de la realización a quienes transitan los caminos de la espiritualidad.
El conocimiento de la realidad del mundo de la existencia y los secretos que éste oculta, así como el desvelamiento de los distintos niveles de los Nombres y los Atributos de la Sagrada Verdad; la relación existente entre la Esencia del Creador y los

27 Uşūl al-Kāfī, t. I, p. 16, Kitāb al-‘Aql wa al-Ŷahl; Bihār al-Anwār, t. I, p. 136 y 137, cap. 4, ‘alamāt al-aql wa al-yunūdah;

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mundos contingentes y, como consecuencia de ello, el tipo de relación existente entre el ser humano y la fuente de la existencia; el conocimiento de la sustancia existencial del ser humano y la identidad de su naturaleza con la de la fuente de la creación; la percepción de la realidad del Califato divino y las características del retorno del ser humano a la Esencia del Creador; el desvelamiento de los secretos del mundo de la existencia y la elevación del ser humano a los diferentes grados del viaje espiritual hacia Dios y la unión con realidad esencial del Ser Necesario; la aniquilación en la realidad y la ipseidad de la Sagrada Verdad; la inmersión en el nivel de la Unicidad y la permanencia en Dios en la senda de los mundos de los Nombres y los Atributos, que es el nivel más elevado de perfección del ser humano, residen completamente en el depósito de la percepción de la gnosis teórica, de las proposiciones filosóficas y de los fundamentos de la sabiduría filosófica y de la gnosis islámica.
Los sabios más famosos de la shia y las grandes personalidades del mundo islámico, como Abu Ali Sina y Al-Farabi, Mulá Sadrá Shirazí y Muhid Din ibn Arabi, Sadr ud-Din Quniawí, Shehab ud-Din Sohrawardí, Maulana Yalal ud-Din Baljí, Hafez Shirazí, Ibn Fáres Mesrí y el resto de los grandes gnósticos y filósofos islámicos, especialmente los últimos, por ejemplo, los fallecidos Ajund Mulá Huseyn Qulí Hamadaní, Hayy Mulá Hadí Sabzobarí, Seyyed Ali Qadí, Al.lamah Tabatabaí y Al.lamah Tehraní y otros, han dedicado toda su vida para llegar a esta meta elevada y, dedicando años de esfuerzo intelectual y de práctica espiritual, han descorrido las cortinas de la ignorancia y de la ilusión una tras otra y han alcanzado las cimas más elevadas de de la gnosis y de la contemplación.
La escuela que rechaza el intelecto y la filosofía se priva a sí misma del más valioso de los dones divinos y de los fenómenos del mundo de la existencia y se condena con ello al extravío.

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En estos tiempos, ha aparecido la escuela que se denomina Tafkik (Separacionista) que niega la cualidad que el intelecto posee como prueba de Dios y su capacidad para diferenciar la verdad de la falsedad y la imposibilidad de alcanzar los grados de la gnosis y para conocer el mundo de ser, calificándole de incompleto y carente de capacidad, condenando así al olvido este principio claro en el orden de la creación humana, y dejándole de lado.
Quienes se reclaman seguidores de este método desviado no sólo no poseen el más leve aroma de los fundamentos filosóficos y de los silogismos demostrativos intelectuales, sino que les falla el intelecto y están totalmente fuera de lugar respecto al resto de los conocimientos islámicos y al conocimiento correcto de las verdades de la sharía islámica.
En esta escuela, el intelecto se utiliza puramente para funciones parciales. Y, debido a un conocimiento primario y superficial de los elevados principios y del noble profeta, piensan que su función ha terminado y que queda como un dato de la historia y que no quedarán restos de los grados espirituales del ser humano, de la senda científica y de las creencias, de la teología, de la filosofía y la gnosis.
En esta escuela, lo mismo que entre los seguidores del pensamiento Asharí, la balanza en la que pesar las acciones se limita a los actos rituales de adoración y punto, sin ningún tipo de entendimiento y percepción y sensibilidad en relación con los elevados aspectos de la gnosis, el mundo de la revelación y la reglamentación islámica.
En esta escuela, la balanza para valorar el conocimiento de la persona de lo divino y de la esencia sagrada de la Verdad queda limitada a la comprensión de las obligaciones comunes, a la realización de los actos rituales y nada más.

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Y ni una palabra de la atención que la persona debe prestar a las verdades interiores de la adoración, que son la relación misma y el núcleo del acercamiento de la persona a su Creador. Esas mismas verdades que son la realidad de la adoración y de la humildad que construye al siervo en la posición espiritual de la obediencia a su Señor y Señor de Señores.

Y sin una percepción correcta y una autentica espiritualidad hacia su Señor, la pura realización de los actos y la ejecución de las obligaciones es como quedarse en la cáscara y desechar el fruto.
A Él asciende la buena palabra y la obra recta la eleva.28
Ni su carne ni su sangre llegan a Dios, lo que llega a Él es vuestra piedad.29
¿Son acaso iguales la manera en que una persona corriente realiza sus actos de adoración y la manera en que lo hace un Profeta divino o un Imam purificado? ¿Son comparables la manera en que uno y otro contemplan el asunto de la adoración, sus percepciones y sus conocimientos?
¿Acaso la oración que es puramente observación de las reglas externas y de la recitación correcta pendiente de la exacta pronunciación de las palabras en lengua árabe y
28 Sagrado Corán, 35:10. El pronombre oculto (mustater) del sujeto agente de “eleva” remite a “la obra recta.” Por tanto, el significado de la frase sería: (Y la obra recta eleva la palabra buena.) ‛Al.lāma Ťehrānī, Resāle-ie Lub al-Lubāb, p. 43. Ed. Entešārāt-e ‛Al.lāma Ťabāťabā’ī, Mašhad, 2005.
29 Sagrado Corán, 22:37.

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realizada con la intención puesta en la obediencia debida a la orden divina y el cumplimiento de la obligación que nos libera de esa responsabilidad es comparable a la que realizaba el Imam Ali cuando tenía su muslo atravesado con una flecha y en mitad de ella se la extraían sin que se diera cuenta, debido al grado de aniquilación en la presencia divina en el que se encontraba cuando rezaba?
¿Acaso la adoración que se realiza basada en un conocimiento vulgar y común respecto de la Esencia de la Unicidad y de los Nombres y Atributos divinos, es comparable con la adoración que dice: «No adoro a un Señor que no veo.30 Si no contemplo a Dios con el ojo del corazón y con un espíritu vivo es como si no le hubiese adorado» y recibe de Dios la misma valoración y la misma recompensa?
¿Acaso la palabra del Mensajero de Dios: «La cercanía de la persona respecto a Dios es proporcional al entendimiento y a la inteligencia que esa persona posee respecto a Dios.» se refiere a esa misma comprensión limitada y común que de Dios poseen la mayoría de las personas?
En la escuela del Tafkik en lugar de buscar la luz usando el intelecto se recomienda anularlo, cancelarlo, renunciar a él y se contentan con esa creencia simple en el Creador Primero, Principio del mundo de la creación, el Cual envió al

30 Tradición de Imam Ali citada por Aláma Tehraní en su obra Al.lah shenosí, t. II, p. 121 y 122, recogida del Mustadrak Nahŷ al-Balāgah, p. 157, Ed. Andalusí, Beirut.
En el comentario a la obra Golshan-e Rāz titulado Mafātīĥ al-E‛ŷāz, ed. Entesharat-e Mahmudí, p.57, se recoge que Dilab Yamaní preguntó a Hadrat Ali Murtada, sobre él la paz,: «¿Has visto a tu Señor?» A lo que él respondió «¿Acaso adoraría algo que no he visto? Le he visto y Le he conocido y Le he adorado. No adoraría a un Señor que no hubiese visto: Y quien tenga esperanza de encontrarse con su Señor, que obre rectamente y que no asocie a nadie en la adoración a su Señor.» (Corán, 18:110).

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Mensajero, y cierran el camino hacia la elevación a los grados de la perfección y hacia las altas cumbres de la gnosis y de los elevados grados de la acción.
¿Acaso el conocimiento cuyas bases se destruyen con la aparición de una objeción y una duda y un problema tiene valor para que la persona lo obedezca y se someta a él?

Renunciar al intelecto y a la argumentación filosófica en el desvelamiento de las realidades del mundo de la existencia, como defiende la escuela del Tafkík, implica en la práctica anular el valor de este inmenso fenómeno de la creación divina en el mundo de la creación. Fenómeno que puede hacer llegar al alma incompleta y al espíritu desilusionado y deprimido del ser humano, desde la vulgaridad y la bajeza de la ignorancia, la imaginación gratuita y la suposición, a los altos grados de la certeza, el conocimiento y la amplia percepción de los secretos del mundo de la creación y del orden de la creación y sus fundamentos.
Cancelar la filosofía y la Hikma Motaaliah (Sabiduría Suprema-teosofía) con el pretexto de que son cosas sin valor, adquiridas de la escuela helenística, es una mancha vergonzosa que puede contaminar las faldas purificadas e impecables de la sharía islámica.
Pero la aparición de la filosofía de los teósofos de alta posición espiritual de la escuela islámica, la consolidación y establecimiento de las pruebas de la sharía purificada y de la revelación divina con los argumentos filosóficos y las demostraciones racionales teológicas, el desvelamiento de los velos de los códigos secretos del mundo de la creación, el establecimiento de los principios elevados con los mejores argumentos y la pureza de la existencia y el tauhid de la Verdad Altísima, no dejan lugar para la subsistencia de objeciones ocultas y susurros sin sabiduría, hasta el punto en que esa misma escuela filosófica griega y cuna de la filosofía occidental

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actual debe extender la mano de la necesidad a las elevadas bases de la teosofía islámica y obtener de la bendición y de las luces resplandecientes de ella su rayos y brillos.
La filosofía griega al entrar en la zona de los conocimientos islámicos que proceden de la revelación y de las palabras emitidas por los portaestandartes de la escuela shiíta, los Imames purificados, sobre ellos la paz, sufrió una transformación sustancial, de forma que hoy en día en el seminario teológico no queda lugar para la enseñanza y el estudio de ninguna otra filosofía y teosofía.
Con la aparición del gran teósofo y valioso doctor de la ley (faqih), honor del mundo shiita, Sadr al-Motaalehín Shirazí y la exposición de los importantes y precisos temas de debate de la filosofía islámica, como son la fundamentalidad de la existencia y la secundariedad de la quiddidad; la unidad de la existencia y su pureza y la argumentación de los sinceros (burhan-e siddiqín) para demostrar la Unidad del Creador (tauhid al-Sáni‛) así como la cuestión de la individuación esencial de la existencia (tashajjus-e datí-e wuyúd), el elevado movimiento de la Hikma islámica adquirió una velocidad sorprendente y todos los juicios y cuestiones filosóficas fueron fundamentados sobre estos principios mencionados, al punto que, a pesar de los cuatrocientos años transcurridos desde que murió esta gran personalidad del mundo islámico, única en su manera de cabalgar sobre el terreno de la investigación, ninguna otra escuela ha podido igualarla, ni ha sido capaz de enfrentar sus principios y fundamentos, y todas las escuelas de conocimientos, filosofía y gnosis de mundo deben bajar la cabeza ante este umbral sagrado y escoger alguna de las ramas del inmenso caudal de conocimientos divinos que hay en ella, por la imposibilidad de abarcarlos todos.
Sadr al-Motaalehín Shirazí fue un doctor de la ley de gran altura, comentador del Corán de gran posición y profundo conocedor y transmisor de los dichos y hechos proféticos

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(hadices), de los relatos que hacen referencia a él (riwayats) y de los textos y revelaciones de la escuela de Ahl ul-Bayt, sobre ellos la paz. Y, más importante que todo ello, un hombre purificado y engalanado con la pureza espiritual y las buenas maneras del camino de los gnósticos, de la vigilancia espiritual permanente, de los desvelamientos espirituales y de los estados del alma y, a la cabeza de todo, un hombre de la Gente de la Casa purificada del Profeta en toda su extensión y con toda pureza, sinceridad y entrega.
Gracias al favor recibido de las esencias sagradas de los purificados (sobre ellos la paz) y a la permanente intercesión de los Imames purificados; gracias a su intimidad con la santa que tiene su mausoleo en la sagrada ciudad de Qom, Hadrat Fátima Masumah, la paz de Dios sea con ella, y a su solicitud de auxilio permanente a esta dama santa en los dos mundos, gracias a la súplica del favor y de la bendición efundida del alma celestial de esta santa, pudo Mulá Sadrá establecer la filosofía islámica con todos los parámetros de la revelación y de las palabras recogidas de los santos y amigos de Dios y hacer llegar la filosofía islámica a las últimas y más elevadas cimas del conocimiento, pudo recoger los frutos de esta intercesión y de la amistad con ese umbral sagrado; los resultados celestiales y angelicales del pensamiento sutil y de las penetraciones divinas, en su corazón iluminado y en su alma resplandeciente y liberada.
Mulá Sadrá Shirazí, sobre esto, con un corazón seguro y un interior relajado e iluminado con las luces divinas y una certeza elevada en ese favor inmenso, en la felicidad permanente y en la guía especial de su Señor así lo recuerda:
Después de comentar parte de la opresión que muchos ignorantes han ejercido hacia la sagrada posición del conocimiento y de la sabiduría islámica y hacia los sabios de gran talla, opresión a la que tampoco él fue ajeno, y de mencionar las características de su viaje espiritual entre la gente

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común y los sabios ignorantes, el resultado de su esfuerzo y de las intercesiones y las vigilancias espirituales permanentes, así como de su dedicación a los principios filosóficos, dice:
«En estos asuntos siempre seguí al Emir al-Muminín Ali y tuve completa confianza en él, ya que él es el primero de los Imames y de los albaceas testamentarios del más noble profeta y el padre de los Imames y testigos de los actos y los comportamientos de las gentes comunes y de los santos divinos. Él es quien divide el Paraíso y el Infierno y quien pasa los días de su vida entre las gentes con reserva y cautela hacia los corruptos y quien abandonó el califato por culpa del escaso número de sus seguidores, depositó este mundo en manos de la gente de este mundo y prefiriendo el Otro Mundo, dio a éste un divorcio permanente.
Él es el señor y dueño de la elección y de la voluntad de cada ser de quien el Mensajero de Dios sea su dueño y señor, él es el hermano y el primo del Mensajero de Dios y su socio en todos los dones divinos y en todas las efusiones del Señorío divino.
Dudo de si dirigirme a la batalla con la mano rota de ese pueblo ignorante y de esos sabios de perspectiva superficial y amigos de este bajo mundo y de los deseos y la fantasías, o tener paciencia en estos días negros y turbios de supersticiones y tribalismos, de creencias sin fundamento y fanatismo e ignorancia, días en los que al hombre con experiencia se le pone de rodillas y hacen envejecer a los bebes; días en los que se arroja al creyente a la dificultad, para que pueda así encontrarse con su Dios.
Así que uní el yugo de mi destino con el de Ali y le tomé como mi dirigente y ejemplo y elegí sus prácticas y hábitos y ví que la mejor actitud ante tantas penalidades y dificultades era la paciencia, así que fui paciente a pesar de tener la espina clavada en el ojo y el hueso atravesado en la garganta. Corté

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mis relaciones con la gente ignorante y me prohibí a mi mismo mantener ningún tipo de relación con ellos y renuncie a su amistad e intimidad. Dejé de dar importancia a las dificultades y a la enemistad de los hijos de la época, abandoné la lucha y el enfrentamiento con ellos y desde ese momento, el beneficio o el perjuicio que pudieran procurarme, pasé a considerarlos una y la misma cosa.
En esa situación, puse toda mi atención en profundizar con mi corazón en las causas verdaderas y en las fuentes de la existencia Y, con ayuda de la humildad y con un profundo deseo de refugio interior y de movilizarme desde mi naturaleza original, puse todos mis problemas en manos del Facilitador, de tal manera que, después de pasar algún tiempo de este modo, sin que los ojos ajenos y los ignorantes pudiesen darse cuenta de ello; ocupado en la soledad de mi retiro y aislamiento y en la purificación de mi ego; repentinamente, en lo más profundo de mi ser, comenzaron a brillar las luces del mundo oculto a los sentidos y sentí atizarse en mi interior el fuego del Sinaí del amor que habita en el pecho del amante de la Verdad y del Amado.
Continuar con mi vigilancia espiritual interior y mis prácticas de adoración durante una larga etapa, finalmente, rindieron sus beneficios y completó mi trabajo interior.
Mi corazón y mi resistencia se alteraron en los altibajos del fuego del amor por la Verdad y se agotó mi paciencia ante la separación y la soledad.
En esa situación, el favor de la Verdad Altísima acudió en mi auxilio e hizo descender sobre mi corazón las luces del mundo angélico, de manera que los secretos del mundo intermedio llenaron mi pecho de amor y fui iluminado y una luz poderosa, procedente de la posición espiritual de la Unidad, me tomó en sus brazos y la sutileza secreta del Creador me hizo sujeto de sus favores y de sus bendiciones, tras lo cual

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pude conocer los secretos y las claves de las verdades ocultas del mundo de la creación, de las cuales no tenía noticia hasta ese momento, y se aclararon para mi muchas cuestiones relativas a la realidad de la existencia y a la esencia del Creador, a las que no había podido llegar con ayuda de las pruebas y las argumentaciones filosóficas. E, incluso, pude percibir aquellas verdades y secretos que había llegado a comprender por medio de la argumentación y las pruebas filosóficas, gracias a los favores y mercedes divinas imposibles de describir, en forma de testimonio consciente y presencial; como realidades exteriores a la mente, tanto en lo relativo a las verdades divinas como en lo relativo a las realidades del orden de la creación. Y se desvelaron para mí cosas imposibles de explicar, vivencias propias del plano divino y aspectos desconocidos de los Actos, los Nombres y los Atributos de la Esencia Eterna.
Después de ello, mi intelecto llegó a las luces de la Verdad en el grado de la acción y la plenitud, y mi inquietud y mis dudas fueron desplazadas por la certeza intelectual, el reposo mental y la expansión de mi espíritu. Y las luces de la Verdad se adueñaron de mi día y mi noche, transportándome a la estación espiritual de la Unicidad, y la Verdad Santísima me otorgó la cercanía del círculo de santidad y seguridad y me liberó de las tinieblas de la ignorancia, la hipocresía y la multiplicidad, instalándome en Su entorno seguro y protegido.»31
Por tanto, una escuela que prohíbe a la persona el acceso al conocimiento, en la práctica le priva de acceder a su condición de ser humano pleno.
Por ello, deberíamos preguntarles: «Ustedes que consideran vana cualquier forma de pensamiento y reflexión ajena al marco de los textos religiosos ¿Acaso colocan en un mismo grado de quiddidad sustancial el intelecto y los textos religiosos?»

31 Al Hikma al-Muta‛āliya fi al-Asfār al-Aqliya al-arba‛a, t. 1, pp. 7 y 8.

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«¿Son la misma cosa las cuestiones relativas al mundo de las formas y de la materia en los textos religiosos, y las proposiciones y problemática propia de la realidad inmaterial y metafísica?»
«Las cuestiones y obligaciones de la práctica ritual exterior, del tipo: purificación e impureza ritual, relaciones comerciales, herencia, compensación,... ¿Son equiparables a las verdades expuestas por la Gente de la Casa de la Pureza32 relativas a los orígenes de la creación y al juicio final?»
«Las palabras transmitidas del Señor de los Creyentes Ali ibn Abi Táleb, sobre él la paz, en la obra Nahyu l-Balágha, relativas a los atributos y cualidades de la Verdad Altísima y al tipo de relación establecida entre las cosas en el mundo de la existencia material, así como las palabras recogidas de sus descendientes amados, los Imames de la guía, la paz de Dios sea con todos ellos, sobre estas cuestiones, ¿Con qué tipo de sabiduría y grados de conocimiento son susceptibles de ser percibidas y entendidas? ¿Acaso con esos mismos grados de conocimiento común se pueden llegar a entender?»
«¿Con qué criterios y grados de conocimiento se pueden acceder a la comprensión de las palabras que en el generoso Corán nos hablan de la unidad de la esencia del Creador y de Sus Atributos?»
Excepto por medio de los argumentos y de la comprensión filosófica es imposible llegar a entender este tipo de cuestiones. ¿Con cuál de los conocimientos religiosos comunes de la ley islámica y de la historia y del comentario, necesariamente limitado e incompleto, del texto coránico puede acceder a ellos?
(extraído del libro El núcleo de los núcleos, Tratado del viaje y la conducta espiritual de la gente de discernimiento,)

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