Consejos de padre a su hijo. parte 2

Mié, 07/28/2021 - 05:39

Carta 31 del libro Nahyul Balagha del Imam Ali (P)

Pueden parecerte altaneros y rudos pero mi deseo es que te armes con este conocimiento y no dejarte desarmado para enfrentar el mundo donde se encuentran todos los peligros de perdición y condenación. Mientras seas un joven noble, virtuoso y piadoso, estoy seguro de que recibirás la ayuda y socorro divino. Estoy seguro de que Dios te ayudará a lograr tus objetivos en la vida. Quiero que te comprometas a seguir mis consejos atentamente. Recuerda hijo mío que el mejor de mis consejos es el que dice que has de temer a Dios, concentrándote y limitándote al cumplimiento de esos deberes que han sido puestos por Él sobre ti, siguiendo el paso de tus ancestros y sus piadosas y virtuosas relaciones. Verdaderamente, ellos siempre examinaron cuidadosamente sus pensamientos y obras, como debes intentarlo hacer tu también, y pensaron cuidadosamente sobre un tema antes de opinar o hacer cualquier cosa respecto al mismo. También tú deberías hacer lo mismo. Este tipo de reflexión les hizo tomar de la vida lo que realmente era lo mejor, dejando lo que no les incumbía o lo que no era lo mejor. Si tu mente rechaza aceptar mis consejos e insistes como ellos en realizar tu propia existencia, entonces estás en condiciones de llegar a tus propias conclusiones, pero solamente después de estudiar cuidadosamente el tema y después de adquirir el conocimiento necesario para tal decisión. No debes permitir que las dudas e incertidumbres envenenen tu espíritu y que el escepticismo, gustos o disgustos, sean los que determinan tus consideraciones. Pero recuerda, antes de que comiences a reflexionar y pensar sobre un problema, busca la guía de Dios y suplícale que te dé una orientación en la dirección correcta. Evita las confusiones en tus ideas y no dejes que la incredulidad (respecto a la verdad de las enseñanzas de la religión) se meta en tu espíritu, porque una te empujará hacia el agnosticismo y la otra hacia el error y el pecado. Cuando estés así preparado para resolver los problemas y estés seguro de que posees un pensamiento claro, un deseo firme y sincero para llegar a la verdad, decir las cosas correctamente y hacer la acción correcta, examina entonces cuidadosamente los consejos que te estoy dejando. Si tu pensamiento no está claro, libre de dudas y escepticismo como tú deseas, entonces estarás extraviado en el salvajismo de la incertidumbre y el error, como un camello que sufre ceguera por la noche y, bajo estas circunstancias, lo mejor para ti es renunciar a lo que te propones, porque con tales limitaciones nadie puede jamás llegar a la verdad. Mi querido hijo, atiende, muy atentamente, recuerda estos dichos míos, que el Señor que es el dueño de la muerte, también es el dueño de la vida. El Creador es el Aniquilador. Y Quien aniquila tiene el poder para volver a darle existencia a todas las cosas. Quien envía los infortunios hacia a ti es Quien te podrá resguardar de ellos. Recuerda que este mundo se mueve bajo leyes ordenadas por Él y consisten en la reunión y suma de acciones y reacciones, causas y efectos, calamidades y lo contrario a ellas, sufrimientos y placeres, penurias y castigos. Pero esto no es todo lo que el cuadro describe. Hay en él cosas que están más allá de nuestra comprensión, cosas que nosotros no hacemos y no podemos comprender y otras que no pueden ser previstas o predichas; por ejemplo, los premios y castigos del Día del Juicio Final. Bajo estas circunstancias, si no entiendes algunas cosas, no rehúses aceptarlas. Recuerda que tu falta de entendimiento se debe a la insuficiencia de tus conocimientos. Recuerda que cuando viniste a este mundo tu primera aparición fue como un ser ignorante, sin educación ni estudio. Luego, adquiriste conocimientos gradualmente, pero hay varias cosas que están más allá de tu conocimiento que te dejarán perplejo y acerca de las cuales no entenderás el “porqué” ni el “cómo”. Gradualmente, adquiriste conocimiento acerca de estos temas y en el futuro tu conocimiento y visión pueden expandirse más. Por tanto, lo mejor que puedes hacer es buscar la guía de Aquel que te ha creado, Quien te mantiene y te nutre. Quien te ha dado un espíritu equilibrado y un cuerpo capacitado. Tus plegarias deberían ser reservadas solamente a Él. Deberías ser temeroso de Él y de nadie más. Que sea conocido por ti, hijo mío, que nadie en la humanidad te ha dado detallada información sobre Dios como sobre nuestro Profeta (PBd) Te aconsejo que tengas fe en sus enseñanzas, que lo hagas tú líder y que aceptes su guía para tu salvación. La formulación de los consejos la he hecho lo mejor que pude, como un sincero y cariñoso consejero, y te aseguro que por mucho que busques una forma mejor, para tu beneficio, no encontrarás ninguno superior a la aconsejada por el Profeta (PBd) Recuerda hijo mío que si hubiera habido algún otro Dios además de Él, tendría que haber enviado Profetas y mensajeros y deberían haber indicado a la humanidad el dominio y la gloria de este otro dios y también tú deberías haberlos visto. Pero nunca sucedió tal cosa. Él es el Único Dios a Quien nosotros debemos reconocer y adorar. Él se explica por Sí Mismo. Nadie está asociado a Él en Su Dominio, Poder y Gloria. Él es Eterno, siempre ha estado y siempre estará. Aun antes de que el Universo fuera, Él existía, ya que no hay ningún principio en Su Existencia. Su Gloria y Su Existencia es tan Suprema, preeminente, trascendente, incomparable y excelente, que está más allá de la comprensión de la mente y el intelecto. Nadie puede sobreentenderlo ni visualizarlo. Cuando hayas aceptado estas verdades y realidades, entonces tu conducta, hasta donde Sus Órdenes y Prohibiciones te conciernan, debería ser la de una persona que se percata de que su estatus, poder y posición no es nada cuando se compara al de su Señor, debería ser el de una persona que quiere ganar Sus Favores a través de la plegaria y la obediencia, que teme Su Cólera así como Sus Castigos y que está absolutamente necesitada de Su Ayuda y Protección. Recuerda hijo mío que Dios no te ha ordenado hacer otra cosa sino aquello que es bueno, que propaga y distribuye bondad y El no te ha prohibido otra cosa sino lo que es malo y produce malos efectos. Mi querido hijo, a través de este mensaje te he explicado todas las cosas sobre este mundo, cómo es de rápido y variado para cambiar sus actitudes, es decir, qué efímeras y fugaces son todas las cosas que él posee u ofrece y cuán rápido cambia sus caprichos y favores. También te he explicado acerca de la vida futura en donde se viven los placeres y gracias proporcionados allí y la eterna paz, bienestar y felicidad dispuestas en el cielo. La verdad es que las gentes que han estudiado atentamente las condiciones de la vida y el mundo, pasan su vida como si supieran que son viajeros que tienen que dejar un lugar que es golpeado por lo insalubre y desagradable y tienen que ir hacia tierras que son fértiles, saludables y agradables, donde hay abundante provisión de todos los bienestares y dichas. Han reemprendido ansiosamente el viaje, felices en la esperanza de la futura gracia y paz. Deseosamente han aceptado los sufrimientos, apuros y riesgos del camino, la separación de amigos, la escasez de alimentos y bienestar durante la peregrinación, de manera que pudieran alcanzar al final del viaje un lugar dichoso. No rechazan soportar privaciones y no es catiman gastos en el camino (el reparto de limosnas y ayuda a los pobres y necesitados, pues la caridad es la mejor forma de proveerse para el otro mundo). Cada paso que adelanten hacia su meta, por más cansados y exhaustos que estén, es un suceso feliz en sus vidas. Por el contrario, la situación de la gente que está solamente absorta en este mundo y tristemente sumergida en la vida efímera, de rápido marchitamiento y malos placeres, es igual a la de viajeros que permanecen en una región fértil y dichosa y tienen que emprender el viaje sabiendo muy bien que finalizará en tierras inhóspitas, áridas, nada fértiles. ¿Puede resultarle algo más detestable y aborrecible que emprender este viaje? ¡Cuánto deberá dolerles dejar el lugar donde están y llegar a ese otro tan aterrador y espantoso y que tanto aborrecen! Mi querido hijo, hasta donde concierne a tu conducta para con los otros seres humanos, pon tus propias obras como escala para ayudarte a juzgar su bondad o maldad. Haz con los otros lo que deseas que hagan contigo. Lo que tú quieras para ti, dalo a los demás y cualquier cosa que te disgustaría que te sucediese, evita que les suceda a otros. No oprimas ni tiranices a nadie, porque seguramente no te gustaría que te oprimiesen y tiranizasen a ti. Sé amable y simpático con los demás, como seguramente deseas que los demás sean contigo. Cualesquiera que sean las costumbres que encuentres aborrecibles en los otros, abstente de desarrollarlas en tu personalidad. Si estás satisfecho o te sientes feliz de recibir un cierto tipo de proceder de otros, tú puedes conducirte exactamente de la misma manera. No hables de los demás de la forma que no te gusta que hablen de ti. No hables de un tema que no conoces o conoces poco y si quieres hablar respecto de algo o alguien sin ninguna premeditación, evita el escándalo, la calumnia y la difamación, por el mismo motivo que a ti no te gustaría ser difamado o calumniado. Recuerda hijo, que la vanidad y la presunción son formas de la necedad y falta de juicio. Esas peculiaridades te acarrearán serios perjuicios y serán una fuente de constantes peligros para ti. Por tanto, condúcete en forma equilibrada y empéñate en ganar la vida honestamente. Pero no actúes como tesorero de alguien (no seas avaro, y aunque ganes, júntalo y déjalo para otros) y cuando recibas la guía del Señor para alcanzar lo que deseas, no te vuelvas orgulloso de tus logros sino sé modesto y sumiso a Él, comprendiendo que tus éxitos se debieron a Su Misericordia y Favor. Recuerda, hijo mío, que ante ti se presenta un largo, cansado, laborioso y oneroso viaje. Cuyo camino transcurre mayormente a través de regiones tristes, lúgubres y áridas, donde estarás afligidamente necesitado de auxilio y de la ayuda revigorizante, vivificante y restauradora de la fuerza, no pudiendo prescindir de tales provisiones mientras camines hasta el final de tu viaje, el Día del Juicio Final. Ten cuidado de no sobrecargarte excesivamente (No te hagas cargo de tantas obligaciones y deberes que no puedas cumplir honorablemente o de una vida tan lujuriosa que sea maligna y viciosa) porque si esta carga es más de lo que tú puedes soportar convenientemente, tu viaje será aún más sufrido y trabajoso. Si encuentras, alrededor tuyo gente pobre, necesitada y menesterosa que está deseando llevar la carga por ti, hasta el Día del Juicio Final, considéralo una bendición, comprométela y pásale tu carga a ella. (Distribuye tus riquezas entre los pobres, menesterosos y necesitados. Ayuda a los demás con lo mejor de tus capacidades y sé amable y cordial con los seres humanos). De este modo te alivias de la pesada responsabilidad y obligación de someterte a las consideraciones del Día del Juicio Final, de cómo has hecho uso de Sus Favores, y así podrás arribar al final de tu viaje alegre, descansado y con bastantes provisiones para estar allí. (El premio por haber cumplido tus deberes con el hombre y con Dios en este Mundo). Lleva tanto peso como puedas (ayuda a tanta gente como puedas) de modo que no la eches de menos cuando más la necesites. (Cuando tus pecados por acción u omisión sean balanceados con tus buenas obras, deberás tener bastantes buenas obras para que el resultado se incline a tu favor). Recuerda que todo lo que distribuyas en caridad y buenas obras es como préstamo que te será devuelto. Por tanto, cuando seas rico y poderoso, haz uso de ambas cosas de tal manera que puedas recibir todo ello de vuelta el día que estés pobre y sin ayuda. Sabe, hijo mío, que tu tránsito consiste en pasar a través de un horroroso valle y el viaje es extremadamente cansado y arduo. En ese lugar, una persona con poca carga pasa más rápidamente a través de él, que otra sobrecargada y forzada por el agobio. Sin embargo, tendrás que pasar a través de este valle. La única salida es el cielo o el infierno. Por tanto, es prudente que envíes tus cosas allí con antelación, predisponiendo el lugar en que permanecerás, porque después de la muerte no hay ninguna posibilidad de arrepentimiento o de volverse atrás, a este mundo, y anular los errores que cometiste. Comprende esta verdad, hijo mío, Dios, Quien posee por sí mismo los tesoros del cielo y de la tierra te ha permitido pedir y rogar por ellos y ha prometido conceder tus ruegos. Él te ha dicho que reces por Su Favor para que pueda ser concedido y pidas por Sus Bendiciones para que puedan ser dispensadas. Él no ha designado guardias que impidan que tus ruegos lleguen a Él, ni hay necesidad de que algún otro interceda por tu cuenta frente a Él. Si te vuelves atrás en tus promesas, si rompes tus votos solemnes o comienzas a hacer cosas de las que te habías arrepentido, Él no te castigará inmediatamente ni rehusará Sus Favores y Mercedes precipitadamente. Si te arrepientes una vez más Él no te reprochará ni abandonará, aunque te merezcas ambas cosas, sino que Él aceptará tu arrepentimiento y te perdonará. Él nunca regatea Su Clemencia ni rehúsa Su Misericordia. Por el contrario, Él ha decretado el arrepentimiento como una virtud y una obra piadosa. El Dios Misericordioso ha ordenado que cada mala acción sea contada como una y cada acción buena y piadosa sea premiada diez veces. Él ha dejado la puerta del arrepentimiento abierta. Cuando fuera que lo llames,

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